La gestión de la calidad
Para
completar esta breve revisión de la calidad en la educación ecuatoriana es
urgente insistir en algunos puntos: integrar más la educación al desarrollo
humano. El Buen Vivir establecido en la Constitución es todavía una intención.
Urge una política –y si es necesario una ley que fortaleza la calidad de los
aprendizajes-; la incorporación a las Pruebas PISA, que vinculan expresamente
la evaluación (en ciencias, lenguaje y matemática) a la calidad; la decisión
sobre las competencias mencionada arriba; y la gestión de la calidad, con la
participación activa de las universidades. La sociedad del conocimiento exige
una sólida garantía de calidad en todos los procesos educativos –tanto urbanos,
urbano-marginales y rurales-. Sabemos la complejidad de este proyecto nacional,
pero debe proponerse con enfoques científicos, interculturales y una amplia
gama de participación social por la vía de los consensos. No hacerlo
significaría dar las espaldas a la realidad. Finalmente, la formación inicial y
continua de los profesores es una asignatura pendiente del Estado y de toda la
sociedad en su conjunto. La Universidad Nacional de Educación –inaugurada con
bombos y platillos- está en el limbo. Es que hay como concebir una educación de
calidad con profesores… de calidad, bien formados, bien preparados y bien
pagados. Y donde la investigación y la documentación vayan de la mano de los
emprendimientos curriculares, metodológicos y tecnológicos.
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