La calidad educativa en el Ecuador

Las iniciales mediciones de la calidad educativa se realizaron en la década de los noventa. El modelo ‘Aprendo’ fue un paso relevante, cuando se valoró a los estudiantes a través de una muestra representativa, en Lenguaje y Matemática. Los resultados fueron negativos, debido a causas estructurales: la falta de procesos de desarrollo del pensamiento; la ineficiente formación de los docentes, especialmente en lecto-escritura; y la evidente desarticulación de políticas y estrategias que vinculen a los Institutos Pedagógicos (ex Normales), las Facultades de Ciencias de la Educación de las Universidades, y el propio Ministerio de Educación. En la primera década del siglo XXI aparecieron otros sistemas de evaluación de la calidad. Uno de ellos fue SíProfe, que amplió su radio de acción a la evaluación de los profesores. Las inversiones en este período fueron importantes: se triplicó el presupuesto de educación (2008-2014) en relación con otros gobiernos. Pese a este logro, el Informe de Progreso Educativo 2010 elaborado por Grupo Faro, Fundación Ecuador y Preal, destacó la prevalencia problema central de la educación ecuatoriana: la baja calidad en Lenguaje y Matemática. Pero también hay que mencionar las últimas mediciones realizadas por la Unesco –Pruebas Terce, Tercer Estudio Regional Comparativo-, que ubican al Ecuador en el puesto siete entre catorce países consultados. La mejora del desempeño escolar es evidente, pero siguen afectando otros factores asociados a los aprendizajes: el nivel socioeconómico, el apoyo de las familias, la asistencia previa a la educación preescolar o inicial, la práctica docente, las múltiples formas de violencia y la pertenencia a pueblos indígenas o afrodescendientes. Los cambios a la vista ​ El Gobierno Nacional –con más recursos que todos los gobiernos anteriores juntos- generó varios procesos de cambio en el sector educativo, cuyos resultados se verán en el futuro, pues responden a procesos cualitativos de mediano y largo plazo. Es necesario destacar avances pero también algunos retrocesos, que han impedido que la reforma educativa se instale en la sociedad. Entre los primeros se pueden mencionar la Constitución Política y la desconcentración de la educación; la Ley Orgánica de Educación Intercultural, que reformó todo el sistema educativo-; la incorporación de la educación inicial (0 a 5 años) al sistema nacional; el fortalecimiento y actualización de la educación general básica (5-15 años); el nuevo bachillerato unificado (16-18 años); el proyecto de estándares de calidad; la evaluación de los docentes; el mejoramiento de la escala salarial de los profesores; las escuelas del milenio; los textos escolares gratuitos; la alimentación escolar; la creación de la Universidad Nacional de Educación y del instituto intercultural; el sistema de mediación para resolver los conflictos, entre otros. Existen puntos débiles: falta un proyecto nacional de educación; no se ha tomado en cuenta a la ciudadanía –de manera especial a los profesores en la toma de decisiones-. Este tema es paradójico, pues en el gobierno de la revolución ciudadanía se observa un determinismo del Estado, y una ausencia de los ciudadanos por la falta de mecanismos de consulta, validaciones y consensos con los principales actores. Y una omisión clara: mientras la Constitución (Art. 27) y la Ley de Educación Intercultural (Art. 6, literal x), el Ministerio de Educación insiste en las destrezas y no en las competencias pedagógicas, establecidas en la educación inicial, básica y bachillerato. Se observa un voluntarismo con muchos proyectos y acciones al mismo tiempo, antes que un liderazgo estratégico por parte de las autoridades del Ministerio de Educación, con un fuerte apoyo ciudadano. Y continúa esa desarticulación estructural entre la educación, la empresa privada, las universidades y la sociedad

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